Los últimos diez años de mi vida he tratado de responder esta pregunta sin éxito: "¿que es lo que hay detrás de esta vida?". No estoy hablando aquí sobre la vida después de la muerte, si es que existe algo de eso. Me refiero, literalmente, a lo que hay detrás del escenario en donde se desarrolla la vida.
Hace diez años fui muy religioso, pero mis preguntas no obtenían respuesta. Siempre obtuve un "eso es algo que solo Dios sabe", como respuesta. ¡Carajos! Yo no puedo vivir con eso. Así que, poco a poco, he tratado de responder esta pregunta formulando otras tantas, pensando muy detenidamente. Y hasta ahora nada.
Les advierto, este escrito no llega a ningún punto, pero es una ventana a mis pensamientos. Escribo esto mientras pienso.
Pero déjenme explicarme mejor. Tenemos esta "vida", vivimos entonces. Pero, ¿que nos mueve? Energía. Espíritu. Digamos que es energía. Vivimos gracias a nuestra energía. Alguien me dijo una vez que toda esta energía parte de un mismo origen, todos estamos conectados entonces. Que al morir, tu energía se transforma o libera y vuelve al mismo punto de origen, para transformarse y liberarse otras tantas veces más. Es un ciclo eterno. Pero, si somos energía, ¿cómo vivimos entonces? Comencemos por este otro lado: tenemos un cuerpo, nos movemos, interactuamos unos con otros. Vivimos. Mucha gente vive. Pero, ¿qué hay más allá de todo esto? Pensemos en una realidad. Mi realidad. ¿Han tenido sensaciones en las que jurarían que ya lo han vivido antes? Me pasa todo el tiempo, he llegado a pensar que mi realidad está formada por un subconjunto de infinitas realidades paralelas, todas conectadas entre sí. En determinadas situaciones, algunas de estas realidades se acercan entre sí de alguna forma y comenzamos a vislumbrarlas. Dicho de otra forma, nuestras realidades están conectadas, pero no están sujetas al tiempo. Es decir, todas son muy similares, pero ocurren en diferentes momentos. De ahí que podamos “adivinar” el futuro. Se trata de una sincronía de realidades que te permite adelantarte a los hechos. Entonces, ¿el viaje en el tiempo es posible? Claro, pero, ¿cómo podrías darte cuenta de ello? Es decir, cruzas a una realidad que está mucho más rezagada, pero te vuelves consiente de ella entonces. Es decir, no hay dos yo, solo uno en otra realidad. Todo este jugo de pensamientos nos llevan al punto de partida, ¿quién mueve los hilos? ¿Quién hace posible todo esto? La energía en sí misma. Mucha gente ha tratado de demostrar que está “viva”. Pero eso solo nos lleva a una pregunta más: ¿quién creó a esta energía? Pensemos que siempre ha existido. ¿Se han fijad en un detalle con respecto a las esferas? No tienen inicio ni final. Supongamos que esta “energía” es una esfera. Que siempre ha existido. Pero, en toda esfera siempre hay un afuera y un adentro. Sé muy bien lo que hay adentro, pero, ¿qué es lo que hay de fuera? ¿Otras energías? Supongamos que fuera de ellas hay un mundo de energías sincronizadas que llevan una danza eterna. Un equilibrio de fuerzas. Supongamos que, como la energía misma, han existido desde siempre. Son eternas, como las esferas. Entonces, ¿qué hay fuera de estas? Alguien me dijo una vez: “hay nada, una nada eterna”. Pero esto carece de sentido porque entonces marcaría el inicio y fin de nuestro mundo de energías, y por tanto esta nada inicia y termina en un punto, y si tiene inicio y fin, es limitable. Si esta nada es limitable, entonces hay algo después, dentro o fuera de ella. Lo que nos lleva al punto de partida.
Vamos a intentar por otro lado. Miro mi cuerpo, puedo tocarlo y sentirlo. Muchos libros y estudios me han ensañado que es el sistema nervioso que lleva esta información a mi cerebro, quien la procesa y genera los estímulos adecuados a esto. Toda esta energía sale de lo que comemos. Pero pensemos en esto, si yo tuviese la capacidad de crear un organismo cibernético, con las mismas funciones que nuestro cuerpo, ¿habré creado vida? Simplemente no lo creo. ¿Porqué? Fácil, todo mundo sabe que detrás de un robot hay una entidad sintética que le brinda de la inteligencia necesaria para llevar a cabo sus funciones. Inteligencia artificial, por supuesto. Pensemos en la teoría de la evolución, pensando más que nada en la evolución de nuestros cuerpos. Imaginen millones de organismo celulares entrando en sincronía, organizándose para formar otro organismo más grande y complejo, los cuales se sincronizan y forman otros organismos más grandes y complejos y así sucesivamente. Imaginen que pasan miles de millones de años antes de formar al primer ser “inteligente”, capaz de crear a su vez, otro organismo más grande que conocemos como “sociedad”. Pensemos que estas sociedades se organizan a su vez para formar otros tantos organismos que a su vez forman otros y así sucesivamente. Entonces, nuestra vida parte de la casualidad, o de la perfecta capacidad de los organismos a integrarse en otros organismos. Vamos un poco más para atrás, al punto en donde se generan los primeros de estos organismos. Muchos dicen que se debió a una combinación perfecta de gases, temperatura, etc.; que dieron paso a estos seres que evolucionarían hasta convertirse en lo que ahora conocemos. Entonces, ¿existimos por casualidad? No lo creo. Existimos porque se dieron las condiciones necesarias para esto, pero, ¿qué tuvo que ocurrir para que éstas ocurrieran? ¿Otra casualidad? Pudiera ser, pero me animo a pensar a que nuestra amiga la “energía” tiene mucho que ver en esto. Al punto que quiero llegar es que, nuestras energías son, probablemente, causantes de nuestra existencia, pero ¿quién las creó a ellas? ¿A quién le rinden cuentas? ¿Están organizadas en otras células? ¿Qué forman con ellas?...
¿Les digo quién es Dios? Desde mi punto (actual) de vista, es una entidad que ha creado la historia para que no nos atormentemos con estas cuestiones. Me refiero a que es mucho más fácil creer que hay un ser que todo lo controla, el padre de todo lo que existe; que creer en una red de energías interconectadas que hacen posible la existencia de nuestras realidades, y que no sabemos nada de ellas, quien las formó o para que sirven.
¿La religión? Tal vez solo una forma de sacarle provecho al asunto del Dios.
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